LA “REVISTA DE BUENOS AIRES”: EN BUSCA DE LA IDENTIDAD NACIONAL Y CULTURAL RIOPLATENSE. HISTORIA Y LITERATURA FANTÁSTICA[1]
Entre 1863 y 1871 comienza en el ámbito latinoamericano un proyecto que rompe con las tradiciones de la prensa literaria a la vez que funda un nuevo espacio, discutiendo los canales, medios y materiales necesarios para la fundación de la vida política, administrativa y cultural de la República Argentina. Viejos y nuevos personajes tramarán la urdimbre de esta vida, conviviendo con las tradiciones de las otras naciones surgentes, en busca de un perfil propio, basado en la aceptación de la cultura de la madre patria y en la revalorización de las europeas. Una nación que encuentra en su pasado la justificación de su propia fuerza, un pasado que se tiñe de la sangre de los indígenas subordinados por el nuevo poder, de la de los valientes que lucharon para hacer grande la patria, una nación que exige la constitución de patriotas.
El valor de lo propio, en este contexto, se mide en términos románticos, hay una magia que subyace a todo lo americano, que se justifica en la convivencia de culturas; aunque borrando los valores de las culturas originales, los hombres de la Revista encuentran en ellas la más fuerte afirmación. El paisaje es el principal cómplice de esta cruzada.
Desde sus comienzos, transita por el escenario cultural de un Buenos Aires en crisis, La Revista de Buenos Aires con el subtítulo “Historia americana, literatura y derecho, periódico destinado á la República Argentina, la Oriental del Uruguay y del Paraguay”. Desde su primer número, y a lo largo de sus ocho años de vida, sostiene un programa – el “prospecto” – que responde a “la falta de una publicación de este género”[2] y reconoce que esta falta “es una clase de vacío hasta incompatible ya con la cultura de nuestra sociedad”[3].
El contenido se distribuye en tres secciones y un apéndice. La primera, “Historia americana” atiende a los períodos de la conquista y de la revolución, la vida de americanos ilustres, y contadas reflexiones sobre ciencias naturales. La segunda, “Derecho” se propone responder al interés de los suscriptores por el derecho constitucional. La sección de “Literatura” se relaciona con aquello que la Revista reconoce como tal, con el cómo se configura el lector de esta sección y con la incumbencia de dichos lectores en la delimitación del programa. Los apéndices de “Variedades” y “Bibliografía” incorporan “todo lo que incidentalmente pueda ser de interés sin estar comprendido en las otras secciones”[4], es decir, una miscelánea.
El compromiso con quienes se suman al proyecto no supone, en absoluto, una identificación política sino cultural, la redacción no acepta en ningún momento solidaridad con proyecto alguno, sea cultural y/o político. El único admisible se establece con los suscriptores de la revista, cuya voz no aparece en modo alguno, hecho que colabora con la definición del proyecto como “editorial”, como escenario en el que las voces de los redactores harán gala de poder puesto al servicio del programa, ya que admiten la necesidad de hacer oír sus discursos, aunque sea a muy alto costo.
La época en la que la Revista aparece es activa en cuanto a la definición de la identidad nacional y cultural, que se considera como responsabilidad de clase. Época de reconstrucción, en la que un grupo constituido en el exilio busca el modo de legitimarse no sólo en el ámbito político, sino también en el administrativo, ético y cultural. Dicha legitimación es parte de su proyecto de reconstrucción, que se verá completo una vez que la historia, el derecho y la literatura, logren trazar las bases de la identidad americana, ligada a una ideología que aparece claramente revelada en las páginas de la revista: los principios de la rediviva generación del 37, puestos al día por los nuevos aires europeos.
El primer intento se ve textualizado por la “Efemeridografía”, ya desde el n° 1[5], con lo que destaca que toda expresión de la cultura es un síntoma de libertad y que, como los fundadores del Telégrafo, los hombres de la Revista presienten la inminencia de un cambio, con el cual pretenden comprometerse, siguiendo el “ejemplo” fundado por el primer diario del Río de la Plata[6]. La voz de Vicente G. Quesada sugiere:
Quizá aquel ensayo era un síntoma de virilidad de estos pueblos, que revelaban la necesidad de más libertad, era tal vez un destello de la intelijencia que presentia la hora de la independencia. Mientras tanto, cualesquiera que sea esa influencia, debemos agradecer al virrey la recomendación que hizo de aquel ensayo, y al Real Consulado, la protección y honra que le dispensó[7].
Esperamos que ahora, el pueblo sostenga la Revista que fundamos[8].
La Revista
Nace bajo los auspicios de la democracia y es justo esperar que la democracia le preste su apoyo (...) las revistas, cuya índole es diversa de la prensa diaria, son una necesidad de la sociedad cuya cultura ha llegado a cierto grado de desarrollo; ambos generos, lejos de hostilizarse se completan, ayudan y perfeccionan[9].
Lejos de cumplirse, las expectativas respecto del apoyo del gobierno democrático, se disuelven antes de completarse el tercer año de suscripción. En el tomo IV[10], en el artículo titulado “Penurias de las letras en la Atenas del Plata” ironiza sobre la situación real de la cultura en el Río de la Plata. El gobierno “deudor”, “menesteroso”, aquél que ha hecho todo “porque la Revista sucumba”, es condenado por la voz del editor por haber negado la exigua contribución de una suscripción. El tono inicial irónico, al referirse a la “Atenas del Plata” va siendo desplazado por la invectiva contra los gobiernos para los que las “letras parecían destinadas a ser el blanco de los exiguos ahorros”, y para los que “el agotamiento de su erario (se) invoca solo cuando se trata de fomentar las letras”. Es el caso del gobierno de Chile, que pusiera en igual situación a La Revista de Sud América, con su suscripción interrumpida a los cien ejemplares, no así el del Paraguay o el de la Banda Oriental, los que con sus contribuciones garantizan la pervivencia de la de Buenos Aires, estos gobiernos sí supieron distinguir con “palabras de cortesía” el esfuerzo propuesto. La editorial se enorgullece de los elogios de medios nacionales y extranjeros y se compromete con los suscriptores a sostener la empresa aún a costa del esfuerzo personal.
El número aniversario, en 1868, recorre su historia e ilustra el contexto en el que nace esta empresa
A pesar de la mala situación del país, de la guerra, del estado de sitio y el limitadísimo número de suscriptores, La Revista no ha interrumpido su marcha ni la interrumpirá en adelante. Sin suscripciones oficiales ni apoyo de los gobiernos, vive esclusivamente por la protección de los suscriptores constantes que nos han acompañado desde la fundación del periódico hasta ahora, y que esperamos nos acompañen en lo futuro. Limitada la suscripción á la ciudad de Buenos Aires, hemos tratado de consagrar á la historia de esta capital (...) Esta consagración á la ciudad de Buenos Aires es un debido homenaje al pueblo con cuyo favor ha vivido y vive este periódico. No por eso hemos olvidado a las demás provincias argentinas, y hemos publicado noticias históricas sobre la mayor parte de ellas (...) El destierro de nuestro compañero y amigo el doctor Navarro Viola en febrero de 1867, nos dejó solos al frente del periódico desde entonces hasta ahora (...) El cólera que ha visitado esta capital dos veces y la preocupacion consiguiente de los espíritus por aquella situación angustiosa, tampoco interrumpió la marcha normal de la Revista ni dejamos de publicar escritos inéditos[11].
Y enumera los nombres de aquellos que han contribuido con sus obras al tiempo que agradece sus colaboraciones: Angel J. Carranza, Juan M. Gutiérrez, Antonio Zinny, Guillermo Hudson, Carlos Guido y Spano, Miguel Cané, L.V.López, Tomás Guido, Juana Manuela Gorriti, Ricardo Palma y Juan Camacho –estos tres últimos desde Perú -, entre muchos otros, a los que caracteriza como los “viejos y los nuevos”, estos últimos, futuros integrantes de la llamada generación del 80.
Materiales para el establecimiento de un programa:
El objeto de centrar el interés en la Historia, la de los períodos de la conquista y revolución, la invención de los “americanos ilustres”–podría hablarse de invención, dado que forjan la condición heroica de determinados personajes, entre otros encumbrados militares, hombres de ciencia, religiosos, escritoras –en un mismo apartado que el estudio de las ciencias naturales, la “Historia natural”, está justificado en la nota aparecida en la sección de “Variedades” bajo el título “The Standard (sus apreciaciones sobre la Revista)”[12]. Se trata de la respuesta dada a la invectiva de este medio. La respuesta legitima la construcción que proponen al tiempo que reconocen su lugar, más que como simples compiladores, como evaluadores de un pasado que debe reconocer “errores” y “méritos”.
No somos jueces imparciales para apreciar la aridez de La Revista; pero este periódico ha venido á ser el centro y á poner en movimiento las tendencias indagadoras de los aficionados á la historia nacional, y ha despertado de esta manera, no diremos el gusto, sinó la habitud de ocuparse de nuestro pasado, haciendo frecuentar esos archivos locales, donde para nosotros se encierran las lecciones de la esperiencia, porque allí constan los errores y los méritos de los que nos han precedido. Sacudiendo el polvo de esos archivos puede el historiador encontrar el origen de males que nos aquejan y aplicar el remedio señalando escollos [13].
Su misión no es otra que la de inaugurar un programa disciplinario, ya que es justamente la disciplina la que posibilita el control de la producción de discursos (14)[14], discursos que exigen fundarse mediante una garantía: la selección es realizada por quienes tienen la responsabilidad cultural y política de la reconstrucción, al mismo tiempo que es reconocida como un proyecto que simplifica los inconvenientes a los historiadores. La disciplina es un intento de divulgación de aquello que es sólo dominio de saber de dicho grupo. La historia local ha sido vivida pero no textualizada. Merece salir de los archivos para facilitar el trabajo a quienes se propongan la tarea de su reconstrucción. Pero no es cuestión que pueda ser dejada al azar. Los autores de la Revista no aceptan que su propósito sea hacer la historia, sino sólo ser agentes de la misma, en la tarea de ordenar los documentos para la posterior reelaboración. Pretenden ubicarse así en lugar análogo al de los historiadores norteamericanos, exploradores del pasado, y confirma lo ya sugerido más arriba
No entra en el carácter de la Revista ocuparse de las cuestiones políticas ni tomar parte activa en los intereses del momento; y esto nos parece de fácil comprension. Publicándose una vez al mes no podria seguir la discusion de las cuestiones que ajitan el diarismo, y es precisamente de la índole de las revistas tratar materias de otro órden. Nosotros fundamos un periódico esencialmente consagrado á la historia americana, y para amenizarlo establecimos una seccion de literatura y de derecho... [15]
Prefieren este protagonismo en la constitución de la historia nacional, un espacio que se corra del debate público de la prensa diaria, pues este lugar les exigiría establecer una confrontación con el poder hegemónico, responsable fundamental de la construcción del sentido y de la doctrina. En este punto puede leerse un doble juicio al Estado: no es capaz de consolidar un programa cultural ni tampoco leer en la secuencia histórica las soluciones a las crisis cotidianas, que lo alejan de las soluciones efectivas.
Sin embargo, la selección propuesta no puede leerse como un inocente intento de recuperar la documentación para los historiadores: la conquista, la colonización y el comentario de la dictadura y de los movimientos de la guerra civil. Los primeros suponen el reconocimiento del origen panamericano, que debe ser interpretado y reaprovechado para la ciencia. El pasado reciente aparece sólo reseñado y documentado[16]. La identificación de estos documentos como “Apuntes para servir a la historia” justifica esta intencionalidad sólo en superficie de ser “compiladores sin método” ni intención política[17].
Por otra parte, la historia natural construye el escenario y también las posibilidades del mismo. Un nuevo universo que merece ser interpretado por la voz de nuevas ciencias, que debe ser recuperado para lograr la recuperación económica que la América independizada exige. Esta lectura sólo puede inscribirse dentro de una manifestación ideológica complementaria al programa instituido por la reconstrucción de la historia, dentro de un programa que comienza a constituirse como emergente en el ámbito político, por entonces más preocupado por responder a situaciones críticas, por resolver conflictos de política internos y externos[18].
La sección dedicada al derecho se encabalga con la de Historia: se ocupa de las reflexiones sobre la jurisprudencia colonial, los comentarios sobre los logros institucionales de los revolucionarios, los deslices de la tiranía y la construcción de un presente legal regido por una concepción moderna del estado y de sus responsabilidades, y del ciudadano y de sus derechos. La reflexión se justifica por la misma necesidad de “instrucción” (p. 245) del pueblo argentino, por la de generar un interés por la constitución y la justicia. Nuevamente, la doctrina es el medio para fundar instituciones sólidas “que combatan las repúblicas militares, que destruyan la prepotencia de los pocos en daño de los mas, para colocarnos cuanto antes en el camino de la república pacífica y laboriosa; de esa república cuyo molde está vaciado en la sabia constitución federal que nos rige. Constitución creada con miras económicas, para propender al desenvolvimiento de la riqueza y el bien estar general, asegurando los beneficios de la libertad” (pp. 245-246).
No vivimos en tiempos literarios, lo que es una verdad. Pero si esperamos que esos tiempos lleguen, de cierto que no seremos nosotros los que podamos alcanzarlos[19].
La generación niega su vinculación con la literatura para dedicarse casi fundamentalmente al “gusto y el hábito de las lecturas sérias y de la investigación de la verdad”[20]. Sin embargo, la amplia sección dedicada a la literatura revela la exigencia de clarificaciones. En primer lugar, la sección está integrada por diversos tipos de materiales: la “Efemeridografía argireparquiótica”, el comentario sobre publicaciones recientes y lecturas críticas, los artículos de costumbres y los relatos y novelas (éstas últimas por entregas mensuales).
Las dos primeras se inscriben en el proyecto comentado de constitución y fortalecimiento de la identidad nacional, mediante la recuperación de materiales que colaboran con la construcción de la historia de Buenos Aires, de los territorios provinciales, de la Banda Oriental, del Paraguay, Chile y Alto Perú; al tiempo que fundan la necesidad de constituirse en órgano de difusión de objetos culturales y emprendimientos semejantes al de la Revista.
Los artículos de costumbres y relatos se apartan de este objetivo y justifican, a través de diversos comentarios de los editorialistas, la búsqueda de un modelo vinculado con cierto sector del público: el femenino. Contra las políticas educativas asociadas con el poder central, que excluyen a la mujer de las reflexiones sobre las necesidades educativas de una nación surgente, los directores de la Revista la reconocen como pilar fundamental de la fundación propuesta. No se trata de justificar una imagen de la mujer como “bello sexo”[21], sino como “puerta principal en el hogar de la familia que mas dada sea á la práctica de la virtud”[22]. Lo confirman las palabras de Stahl,
Hay árboles cuyas hojas tiemblan y se estremecen al acercarse a una mujer. Hay flores que se inclinan bajo la planta femenina, la misma tempestad ama á esa clase de mujeres y los vientos enfurecidos se aplacan a su voz[23].
“Mujeres de nobles sentimientos”, “cuerpos bellos”, “elevación de ideas”, “bondad de corazón”, “prendas del alma”, “gracia en el decir y talento para contar”; mujeres que sirven a Vicente G. Quesada para trazar un cuadro que describa a la mujer, tanto en términos de autora –la referencia repetida es a la figura de Da.Juana Manuela Gorriti, cuyas obras “pueden sin peligro ser leidas por la familia que sea más dada á la virtud”- como en términos de lectoras.
La sección está dirigida principalmente a las “señoras y señoritas”, quienes merecen, según las reflexiones de la editorial, un espacio que logre multiplicar, en el ámbito doméstico y familiar, el proyecto de país que las secciones de Historia y Derecho sostienen. Éste es precisamente el de la literatura: espejo de las costumbres, reflexión sobre la historia local y regional –indirectamente- a la vez que multiplicadora de la doctrina.
El modo en que el discurso masculino establece su lugar en las páginas de la revista propone claramente cuál ha de ser el lugar de la mujer en el mundo y en la cultura. Sólo parece excluir a la Gorriti, Eduarda Mansilla y Juana Manso, quienes, también castigadas por el discurso hegemónico, son, sin embargo, incluidas dentro del circuito de la doctrina, que supone a las damas como “bellos espíritus” que merecen ser alimentados también con otra serie discursiva de la misma. No son modelos, ni historias de vida a seguir, son el espejo de sus propios personajes, condenados por sus elecciones, en busca de un lugar propio del hombre, a la soledad, al dolor; justificaciones que la doctrina impone.
Las doctrinas constituyen el universo de una “sociedad de Discurso”[24] limitado. La doctrina tiende a la difusión, la exige. En esta “sociedad de Discurso” la única condición es el “reconocimiento de las mismas verdades y la aceptación de una cierta regla de conformidad con dos discursos válidos (...) la doctrina efectúa una doble sumisión: la de los sujetos que hablan a los discursos y la de los discursos al grupo de individuos que hablan”. En esta sociedad hay incluidos y excluidos.
En una nota de Juan María Gutiérrez sobre Médico de San Luis[25] de L.V.Mansilla, éste confirma
Sólo el oro puro es digno de pasar por la mano delicada y cándida de la mujer (la literatura tiene la responsabilidad de) poner el índice sobre los defectos de nuestra educación nacional (...) en nuestra sociedad la mala dirección que se da en ella á la cultura del espíritu, el abuso del talento, y la impaciencia por lucir en público los conocimientos precoces, que no han madurado con el tiempo y la reflexión.
Si bien la mujer sostiene un lugar de sujeto marginal en el campo de la cultura, la Revista la reconoce como productora de un saber específico, promotora de las pautas que gobiernan las relaciones sociales. Las mujeres integradas al proyecto editorial son justamente aquéllas que se apartan de esta caracterización, las que han borrado la barrera de lo social y de lo cultural, pero que sin embargo sirven al discurso masculino como “ejemplo que no se ha de seguir”. Sus heroínas están también encuadradas en este mismo mensaje: oscuros personajes sin nombre, como las “tapadas”, mujeres que desbaratan las instituciones matrimoniales, mujeres que deciden abandonar una vida sin amor, curiosas que van más allá de lo racionalmente aceptable.
El tipo de materiales que el programa cultural acepta es diverso; por un lado, la respuesta se hace patente en el tomo XIII, en un artículo crítico sobre Julia de Juan A. De Lavalle, un relato basado en las Escenas de la vida en Lima de Luis Benjamín Cisneros
¿Es la novela útil y necesaria en las sociedades modernas? No ha faltado quien, observando únicamente el abuso que se hace de este género de escritos, ofreciendo á los lectores tipos y caractéres absurdos, escenas de mundos que no existen, y pinturas engañadoras unas veces, exitantes de las malas pasiones otras, que cuando no perjudiciales son inútiles por lo menos. Pero, si esto sucede con la mayoría de los romances que corren por las manos del público, no sucede, ní puede suceder, con aquellos que tomando la sociedad tal como ella es, agrupan caractéres verdaderos, los enlazan en un centro formado de escenas ciertas ó naturales, y forman con ella una ficción posible e interesante, de la que se desprenden una ó muchas lecciones de moral social. Considerada bajo este aspecto, la novela es necesaria y útil a la sociedad. Y aunque no hubiera mas razon para aceptarla, bastaria para ello la siguiente reflexion. Tómese por fin de una novela la demostración práctica de una gran verdad religiosa y moral (...) La niña, de imaginacion viva y exaltada, que no ve en ciertos libros sino pesados é insulsos pedagogos que la mano paterna hace pesar sobre ella, beberia inevitablemente y con placer esas mismas severas máximas y elocuentes lecciones, que se le ofrecieran cerradas en una ficción atractiva, que se apoderase insensiblemente de su imaginacion y de su atencion (...) su falta en nuestra sociedad, deja un vacío sensible y conveniente de llenar[26].
Por otro, Miguel Navarro Viola, en La misión de la poesía confirma estas consideraciones aceptando que se debe “poner la religión, la filosofía, la política, al alcance del pueblo, no en sus abusos ni distracciones, sino en su pureza y esencia” para lograr la felicidad del pueblo. Es responsabilidad de la generación renovar su existencia, crear el espacio necesario para el nacimiento de nuevos poetas nacionales, que colaborarán con el proyecto de reconstrucción. Esa poesía “será la razón cantada (...) será filosófica, religiosa, política, social (...) no ya un juego de ingenio, un melodioso capricho del pensamiento ligero y superficial, sino el eco profundo, real, sincero de las mas altas concepciones de la inteligencia, de las mas misteriosas impresiones del alma (...) es el ornamento de la verdad: la ciencia hecha sensible á la imaginacion; pinta el alma humana y se dirije á ella”.
Otro de los proyectos de la Revista, el establecimiento del Círculo Literario, no fragua con la misma energía. Su primera referencia, en el tomo V (p.6l6 y ss.) de 1864, describe el proceso que se está dando en las letras argentinas, y augura la molificación de los rigores provocados por diferencias políticas y partidismos: la literatura será el medio y el Círculo Literario, su garantía.
Verosimilitud y literatura fantástica: el cruce entre la historia y la ficción
Dos términos se asocian con esta aceptación, realismo y positivismo. Según Lavalle, el propósito de la literatura será “pintar esta sociedad tal como ella es, sin valerse de ficciones imposibles, ni de caractéres tomados fuera de la esfera comun de la humanidad”, aceptando que en ella conviven con lo bello y lo natural, lo vil, lo vulgar y hasta lo repugnante. El arte, la escuela literaria que denomina “moderna” es responsable de, mediante el discurso, hallar el justo medio, el equilibrio que permita “descubrir la poesía de la vulgaridad (...) indicar la llaga social, hacerla doler, sin descubrir su asquerosidad y sin hacerla exhalar su fetidez”[27].
Pero, este universo que va a ser representado admite la presencia de lo extraño, la convivencia de los vivos y los muertos, la sospecha de que otro universo no científicamente probado lo asalta permanentemente. El contexto americano, el gusto por la indagación de las culturas precolombinas justifica esta peculiar concepción de la realidad. Es la subsistencia de los aculturados la garantía científica de ella. Los artículos consagrados a la historia natural dan prueba del interés del hombre moderno por las construcciones culturales de los pueblos primitivos: la momeopatía, la astrología, el culto de los muertos, la creencia en “milagros” naturales, las propiedades mágicas de animales, vegetales y hasta de hombres.
Se trata, pues, de la construcción de una nueva verosimilitud, o bien de la garantía mediante recursos discursivos que la justifiquen. En este juego se admiten diversas variantes: superposición de planos estructurales, anticipación elusiva de lo extraño por la serie léxica propia de un ámbito propicio a lo fantástico, la estructura narrativa abruptamente cortada, seguida de reflexiones metaliterarias o metanarrativas, entre otras. Al mismo tiempo, la temática reconoce idéntico interés: la locura, la ensoñación, el mundo de los muertos, la curiosidad, etc., todas ellas características del relato fantástico que aparece discutido en el programa previamente presentado.
Esta verosimilitud radica en la semejanza entre el universo narrado y el real, en el plano semántico se reconoce como reflejo gracias a la referencia constante al mundo histórico y real, y se refuerza en el plano sintáctico. El artificio retórico de lo fantástico posibilita la derivación de un plano a otro sólo mediante un efecto, garantía de la verosimilitud[28]. Por esta razón, temas y estructuras narrativas contribuyen a la definición de estos relatos como fantásticos, como una serie literaria fundada para un público femenino, que, merced al consumo de este género particular, merece ingresar en el discurso doctrinario masculino.
Ahora bien, las fuentes de dichos relatos merecen una reflexión aparte. No se trata, como sugiere Lavalle, de producciones caprichosas surgidas de mentes excitadas. Se trata de construcciones que tratan de explicar el plano de lo real. Por esta razón, la mayor parte de las ficciones, si es lícito inscribirlas bajo este rótulo, tienen su origen en el pasado colonial (nos referimos a las Crónicas potosinas, Escenas de la vida en Lima, Anales de la Inquisición de Lima,etc.) o en la caracterización de tipos sociales contemporáneos, los artículos de costumbres. Incluso en estos últimos, aparecen componentes fantásticos, relativos al escenario americano o a propiedades mágicas de objetos o sujetos.
La literatura contribuye, junto con la conservación de documentos, a la constitución del pasado americano. En el proceso de selección, una vez más, se pone el acento sobre todo aquello que pueda ser, de una u otra manera, de interés para los lectores. Fundamentalmente reflexiona sobre lo relativo al tiempo de conquista y colonización, las primitivas tribus americanas, y el reciente pasado de la tiranía.
Juana Manuela Gorriti, cuyas ficciones se encuadran en el pasado reciente, es casi la única que escapa a estas consideraciones y refuerza lo ya dicho sobre las mujeres en la producción literaria –contados relatos son enteramente productos de ficción, como El genio del mal[29], de Pedro Santacilia, Un banquero como hay pocos[30], de Juan Vicente Camacho, Un recuerdo[31] de Miguel Cané, Carmen - un bosquejo[32] de Guillermo Blest Gana, y los artículos de costumbres firmados con los seudónimos de “Omar”[33] y “Emilio Kastos”[34]. Sin embargo, no se ocupará este trabajo de su obra incluida en la Revista[35], sólo de su condición de modelo a seguir por los productores masculinos, como Quesada, Camacho y Gutiérrez, hombres que buscan en la misma serie legitimar su proyecto cultural.
Lecturas para un proyecto
Del amplio corpus de relatos y novelas, se han seleccionados sólo dos, cuya organización narrativa y temática anticipa una serie original en el campo literario americano, a la vez que justifica nuestra preocupación por lo fantástico como urdimbre en la que se trama la reflexión doctrinaria. Nos referimos a El genio del mal de Pedro Santacilia y a Un banquero como hay pocos de Juan Vicente Camacho.
A diferencia de éstos, los relatos de fuente histórica son parte de la producción del director editorial, Vicente G. Quesada, de Ricardo Palma y de Juan V. Camacho. El primero justifica estas incursiones en lo literario como parte de su labor historiográfica. Sirven a esta intención los Anales de la Inquisición en Lima[36] y las Crónicas potosinasS[37]. Los materiales de referencia no aparecen citados más allá del título, es la voz del cronista-autor la que establece el pacto de verosimilitud de lo narrado e introduce, como medio para comentar lo extraño, las voces de personajes que los dichos populares reconocen como reales, otras fuentes discursivas, como diarios personales, cartas, disposiciones inquisitoriales, etc.. El ámbito en el que estos relatos se contextualizan reproduce el modelo propuesto por Juana Manuela Gorriti y por sus contemporáneos; se trata de un medio propicio para la intromisión de “lo otro”, paisajes funestos, climas hostiles a los hombres, sitios de pasado inexplicable, ruinas con propiedades mágicas, minas estériles de metales preciosas y ricas en secretos terribles.
En El genio del mal, el distanciamiento se produce gracias a la introducción de la “carta-introducción” que Julio Quevedo dirige a Angel J. Carranza, en la que explica los pormenores de la historia de este relato de Pedro Santacilia, autor cubano nacido en 1830, cuya obra fuera proscipta en su país de origen. La carta anticipa la naturaleza fantástica del relato y los nombres de personajes reales otorgan la certeza de la verosimilitud. Inmediatamente comienza, bajo el título mencionado el relato, siete parágrafos en los que la voz del narrador y la del “genio del mal” construyen una reflexión trascendental. La esencia del mal es también liberadora de los hombres; se trata de la posibilidad de un universo regido por una entidad dicotómica, bien-mal, y sin embargo prometedora del equilibrio perfecto. Se origina la paradoja: el mal es fuente de todo bien, de misericordia divina, de equilibrio estético y moral.
El discurso del “genio del mal” toma la forma de una credo, como respuesta al del narrador, que se construye como oración desesperada. La conclusión a uno y otro, en el séptimo parágrafo, devuelve al lector al plano de lo real, el reino del mal ha invadido el universo conocido. La historia es la prueba de esta afirmación: injusticias, asesinatos, guerras, plagas. Lo abrupto del final, la no renovación del discurso-marco confirman la paradoja. El discurso silenciado es más elocuente que cualquier afirmación.
El genio del mal nace como idea y adquiere cuerpo y voz a medida que va desarrollando su discurso. Sólo en la conclusión vuelve a relativizarse, con la afirmación de la paradoja, su esencia real, renovando su identificación como de idea[38]. Es coincidente con la conciencia del grupo; el mal que reconocen en nuestra sociedad, exige derrumbar instituciones que le deben su nacimiento, quebrar con la cultura de dichas instituciones y refundar la nación, bajo los auspicios de una nueva concepción de lo contingente y lo trascendente.
El tono cambia radicalmente en Un banquero como hay pocos, aunque el recurso para introducir el relato es el mismo, en este caso es la voz de Juan Vicente Camacho, articulista ya conocido por las lectoras de la Revista, la que garantiza la verosimilitud
Hace muchos años me cayó á las manos un libro ó papel viejo donde leí el cuento que voy a referir á falta de mejor material. No puedo llamarlo traduccion, porque realmente no lo es; de mi caudal no es tampoco; no puedo mentar á su autor porque no recuerdo su nombre. De manera que será preciso dejar correr el cuento como es, sin padre conocido, pues apenas me atrevo á llamarle ahijado. (39)
Nuevamente la voz masculina se hace cargo del mensaje doctrinario, pero no de la creación de la obra de ficción.
El tema del relato es la locura de Mr. Hoeb, un banquero inglés. El tono general, burlón, está asociado con la mirada crítica a la cultura inglesa, determinada por las condiciones climáticas del mar del Norte a la opresión anual del esplin, del humor escentrico. Es esa misma locura la que se contagia a los otros personajes, potenciando sus peores cualidades (los placeres sensuales en Mrs. Hoeb, la vocación por el estudio de la filosofía y la poesía en Miss Hoeb, la hija del banquero (40), la codicia en Steal, el dependiente, el alcoholismo de Mr. Baby, el yerno). La locura conduce al suicidio, pero no arrebatado, sino planeado y reflexivo: deja su negocio en orden y toma trescientos sesenta y cinco días para darse ánimo. Un muñeco de cera “que por medio de un hábil mecanismo se movía” sustituye al banquero a los ojos de los familiares y corrobora su locura.
Al día 365, al punto de la fatal determinación, es salvado por un espíritu libre de este determinismo, Tom el gotoso, el sirviente fiel que logra ver la verdad. Pero el esplin vuelve a desbaratar el orden. La locura se renueva y esta vez el desenlace es definitivo: Hoeb opta por la horca, para confirmar que esta alternativa es como sugieren “muy agradable y produce emociones deliciosas”. El equilibrio y la racionalidad del imperio británico quedan definitivamente desdibujados. Los avances científicos, la solidez económica de la sociedad no garantizan su cordura. Deberá ponerse la mirada en otros modelos, en otras sociedades que hayan logrado evadir este determinismo.
Conclusión
El presente trabajo ha pretendido ir más allá de las consideraciones que la crítica ha realizado sobre este producto cultural, la Revista de Buenos Aires. El rastreo inicial me puso frente a una evidencia: la necesidad del grupo de construir el pasado para renovar la definición de la identidad nacional y cultural, un discurso selectivo de intención programática. En este contexto, la literatura exigió la precisión de localizarse como producto destinado a reproducir la doctrina para un sector del público. Sin embargo, este estudio no puede, por falta de tiempo, seguir desarrollando el tema de la mujer como productora de literatura y de identidad cultural, que será materia de otro escrito.
Referências Bibliográficas:
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TRANCÓN LAGUNAS, M. El cuento fantástico publicado en la prensa madrileña del XIX, en VVAA, Jaume Pont (ed.), Narrativa Fantástica en el siglo XIX (España e Hispanoamérica, Madrid, Ed. Del Milenio, 1997.
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WILLIAMS, Raymond Cultura, Barcelona, Paidós, 1981.
[1] El presente trabajo forma parte del proyecto de investigación “El relato fantástico rioplatense en el siglo XIX”, dirigido por la Dra. Enriqueta Morillas Ventura, de la Universidad Nacional del Comahue, R.Argentina.
[2] La Revista de Buenos Aires (a partir de aquí LR), Nº I, mayo de 1863.
[3] Idem.
[4] Idem.
[5] En la página 144 encontramos la nota “Primer periódico publicado en Buenos Aires (1801)”, en el que se refiere a la fundación del Telégrafo Mercantil, rural, económico e histórico el 27/11/1800).
[6] Idem. Proponen “intentar el ejemplo” esto es, reproducir en el contexto presente el proyecto del Telégrafo.
[7] LR, I , 1, 137.
[8] LR, I, 1, 138
[9] Idem.
[10] LR, I, 387.
[11] LR, 110 y 111.
[12] Diario anglosajón de importante circulación, del que la Revista diera noticia desde el Tomo II elogiosamente.
[13] La cita se completa con el comentario más amplio que, en resumen, sugiere que la aridez no es la de la Revista, sino la de las fuentes que se consultan.
[14] Michel Foucault, El orden del discurso, Tusquets, Barcelona, 1971.
[15] LR XIV, p.109.
[16] Con excepción de algunos documentos epistolares, como las “Cartas de Mansilla” a Rosas, que no merecen comentario de la editorial, las notas sobre los enfrentamientos armados, y la literatura asociada con dicha temática, los documentos registrados son calificados por los títulos o por las notas explicativas (cruentos episodios de la guerra civil, operaciones bélicas para derrocar al tirano Rosas, desterrados políticos, sangrienta ejecución, justos y pecadores).
El tomo XXIV anuncia el fin de la serie de la Revista: “Aprovechamos la oportunidad de presentar nuestro agradecimiento á los señores suscriptores así oficiales como particulares que con escepcional constancia nos han acompañado; y nos permitimos decirles, que contando con ellos anunciaremos oportunamente la aparición de la 2ª serie, que no puede comenzar desde luego, porque nos prometemos introducir mejoras que den á nuestra publicacion mayor interés de actualidad, sin por eso desatender las investigaciones y trabajos de historia americana, que habrán de ser siempre su base”.
El tomo XXV, aparecido en 1871, está exclusivamente dedicado a la historia, y anuncia que “hemos ido reuniendo los materiales sin un plan preconcebido, sino á medida que venian á nuestro conocimiento”, se reconocen como “compiladores sin método”, aclaran que su intención original era la de dedicar un número, cada quince días, totalmente dedicado a la historia, hecho que confirma el interés particular por la restitución de valores a partir de la reconstrucción histórica.
[17] LR, XV, 244.
[18] Idem.
[19] LR, IV.
[20] En el tomo II, Introducción a “El lucero del manantial”.
[21] Idem, p. 100.
[22] Michel Foucault, op.cit.
[23] LR, V, 320 y ss
[24] LR, XIII, 561.
[25] LR, XIII, 562-563.
[26] Julia Kristeva, Semiótica 2, Espiral, Madrid, 1981. El comentario es a propósito de la “literatura verosímil”, parte del capítulo I del tomo citado La productividad denominada texto.
[27] LR, XVI, 366-381.
[28] LR, XXIV, 238-253
[29] LR, VI, 97-109.
[30] LR, XXII, 237-246.
[31] El texto de Omar es La tapada, inscripto bajo el título de Costumbres limeñas, LR, IV, 493 y ss.
[32] La coquetería, LR, XIX, 84 y ss., reconoce el sentido de este vicio entre las mujeres y lo condena como práctica creciente en los hombres.
[33] Profundizar en la obra de Juana Manuela Gorriti en La Revista y en las producciones femeninas, será el objeto de otro trabajo, a presentarse en el VII Congreso de Teoría y Crítica Literarias, a realizarse en octubre próximo en la ciudad de Rosario.
[34] Como puede ser la historia de Angela Carranza, LR, XX, 225.
[35] Los monederos falsos, Ima, Crimen y expiación y El hijo de la hechicera.
[36] No es posible detenernos en consideraciones puntuales acerca de cómo se construye el reflejo de lo real y como el mismo se quiebra para dar lugar a la sospecha de lo posible en el relato, sólo consideraremos aquello que se refiere a nuestro interés en el público femenino y con el programa educativo perfilado ya en este trabajo (el mal está vinculado con “asociaciones de mugeres con el nombre de religiosas, procurando que estas tomen á su cuidado la educación de las niñas, á fin de que, dominadas por el fanatismo, no puedan mas tarde dar hijos útiles al país (...) clérigos con el carácter de confesores, y procuren formarles el corazón, para que sean mas tarde, en el seno de la familia, instrumentos serviles del despotismo, cuyo poder seria imposible sin la degradacion de la sociedad”, LR, XVI, 380).
[37] LR, XXIV, 238.
[38] Nuevamente se enfoca la cuestión de la formación de las mujeres.